La reciente actividad sísmica en Sudamérica ha vuelto a poner en el centro de la atención a Colombia y Venezuela, naciones que experimentaron potentes terremotos en un corto lapso.
El reciente terremoto de magnitud 7,4 en Colombia volvió a poner en la mira la actividad sísmica de Sudamérica.
Este fuerte sismo causó importantes daños materiales, al menos 111 muertos y fue sentido en varias regiones del país, así como en Ecuador y Panamá.
Apenas un mes antes, dos potentes terremotos sacudieron Venezuela, con magnitudes de 7,2 y 7,5, dejando más de 6.300 víctimas fatales y severos destrozos.
La cercanía geográfica y temporal de estos eventos despertó dudas sobre una posible conexión entre ambos. Sin embargo, expertos descartan una relación directa y aclaran que cada terremoto surgió en contextos geotectónicos diferentes.
Ambos movimientos ocurrieron sobre la placa Sudamericana, una de las principales placas tectónicas de la corteza terrestre.
Los especialistas como Gustavo Ortiz, doctor en Ciencias Geológicas, señalan que la localización en la misma placa es el único punto en común, ya que el origen de cada sismo fue distinto.
El sismo que golpeó Colombia se originó en una región donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana por un proceso conocido como subducción. El fondo del océano Pacífico se desplaza bajo el continente, generando fricción y acumulación de energía en las rocas.
Cuando esta energía supera la resistencia de las rocas, se libera de manera abrupta y provoca el sismo. Una característica destacada de este evento fue su profundidad de unos 103 kilómetros, mucho mayor que la de los terremotos venezolanos.
Los procesos de subducción pueden dar lugar a terremotos de magnitudes muy altas, como el registrado en 1960 en Chile (magnitud 9,5), aunque factores como la profundidad, la distancia con zonas habitadas y la calidad de las construcciones también influyen en el nivel de destrucción.
En Venezuela, los terremotos se relacionaron con el contacto entre la placa Sudamericana y la placa del Caribe, influidos principalmente por la falla de Boconó. A diferencia de Colombia, aquí el movimiento no es de subducción sino lateral: las placas se deslizan una contra otra y liberan energía cuando la tensión acumulada supera la resistencia de las rocas.
Estos sismos tuvieron epicentros mucho más superficiales, aproximadamente a 22 y 10 kilómetros de profundidad respectivamente, lo que explica su gran impacto y alto número de víctimas.
En resumen, aunque ambos terremotos se produjeron sobre la misma placa, fueron originados por procesos geológicos distintos y a profundidades muy diferentes, lo que marca diferencias claras en su comportamiento y consecuencias.
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