Más pequeños que un grano de sal, sin cables y con "cerebro" propio: así son los nuevos robots microscópicos creados por científicos en Estados Unidos.
Un equipo de investigadores de Estados Unidos logró un avance que marca un antes y un después en la robótica: la creación de robots autónomos de tamaño microscópico, tan pequeños que pueden compararse con un grano de sal.
Estos dispositivos no solo se desplazan por sí mismos, sino que también cuentan con sensores, un sistema de procesamiento propio y una fuente de energía integrada, todo dentro de una estructura casi invisible al ojo humano.
El desarrollo fue realizado por científicos de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Michigan, quienes lograron superar uno de los mayores desafíos de la ingeniería moderna: hacer funcionar un robot completo a una escala donde las leyes físicas se comportan de manera distinta. A estas dimensiones, la gravedad pierde relevancia y el entorno se vuelve denso y viscoso, lo que dificulta cualquier tipo de movimiento tradicional.
A diferencia de otros intentos previos, estos robots no dependen de cables, imanes ni control remoto. Cada unidad integra sensores electrónicos, una computadora ultracompacta con memoria, un sistema de propulsión sin partes móviles y diminutos paneles solares que les permiten operar de manera continua bajo iluminación LED durante largos periodos.
¿Cómo se mueven en un mundo microscópico?
En la microescala, desplazarse no es comparable a caminar o nadar. Los investigadores descartaron el uso de patas, hélices o brazos, ya que resultarían ineficientes en un entorno donde el agua se comporta como un fluido espeso. En su lugar, desarrollaron un sistema basado en campos eléctricos que movilizan iones en el líquido que rodea al robot.
Ese movimiento iónico genera corrientes microscópicas que empujan al dispositivo, permitiéndole avanzar y cambiar de dirección. En términos simples, el robot se desplaza creando su propio flujo a su alrededor, logrando recorridos precisos y controlados sin necesidad de componentes mecánicos móviles.
Un cerebro diminuto y eficiente
Uno de los aspectos más sorprendentes del proyecto es el nivel de autonomía alcanzado con una cantidad mínima de energía. Los paneles solares microscópicos generan apenas una fracción de la energía que consume un reloj inteligente, lo que obligó a los ingenieros a rediseñar por completo el hardware y el software.
Los microprocesadores fueron optimizados para consumir miles de veces menos energía que los sistemas convencionales, y el software fue simplificado al máximo para ejecutar múltiples tareas con una memoria extremadamente reducida. Gracias a ello, los robots pueden tomar decisiones básicas, responder a estímulos del entorno y operar sin supervisión externa.
Sensores, comunicación y trabajo en grupo
A pesar de su tamaño, los robots pueden medir variables como la temperatura con notable precisión. Esta capacidad abre la puerta a aplicaciones en biología y medicina, como el monitoreo de actividad celular o cambios en tejidos a escala microscópica.
Para transmitir la información recolectada, los dispositivos no utilizan señales inalámbricas tradicionales. En su lugar, ejecutan pequeños patrones de movimiento que pueden ser observados y decodificados por los científicos, un sistema inspirado en formas de comunicación presentes en la naturaleza.
Cada robot, además, cuenta con una identidad propia. Mediante pulsos de luz, los investigadores pueden programar comportamientos distintos en miles de unidades, lo que permite crear enjambres coordinados donde cada robot cumple una función específica.
¿Para qué servirán estos robots?
Los científicos aseguran que este desarrollo no es solo una demostración experimental, sino una plataforma con potencial real de aplicación. Al no tener partes móviles y ser resistentes a la manipulación, estos robots podrían utilizarse en áreas como la investigación biomédica, el estudio de células individuales, la fabricación microscópica, la inspección de entornos complejos y el despliegue de sensores en espacios de difícil acceso.
Este avance abre un nuevo capítulo en la robótica, donde la inteligencia y la autonomía ya no dependen del tamaño. En lugar de máquinas gigantes, el futuro podría estar poblado por dispositivos casi invisibles, capaces de trabajar en silencio a escalas que hasta ahora parecían inalcanzables.
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