Un fenómeno natural tiñó el cielo venezolano de intensos colores tras los terremotos. Expertos explican su origen y aclaran si está o no relacionado con la sismicidad.
Imágenes de un cielo teñido de rojo, violeta y naranja sorprendieron a miles de personas en Venezuela la tarde del 30 de junio de 2026, apenas seis días tras los terremotos que sacudieron al país. El fenómeno, visible en Caracas y en otras ciudades como Carabobo y Anzoátegui alrededor de las 18:30 horas, generó un aluvión de reacciones e interrogantes en redes sociales sobre una posible relación entre ambos eventos.
Usuarios compartieron fotos y videos de este atardecer tan inusual, describiéndolo como un paisaje "apocalíptico" o un momento "histórico". La coincidencia temporal con la emergencia sísmica desató especulaciones y teorías en línea, aunque no existe fundamento científico que relacione el color del cielo con la actividad telúrica reciente.
Mientras equipos de rescate continuaban su labor en las zonas golpeadas por los terremotos, meteorólogos y expertos salieron a aclarar el misterio. Explicaron que esta intensa coloración es un proceso atmosférico normal, completamente independiente de los movimientos sísmicos. Lo que se vivió en Venezuela es conocido como "candilazo", un efecto natural frecuente al amanecer o al atardecer.
El "candilazo" ocurre cuando la luz solar atraviesa una mayor cantidad de partículas en la atmósfera. Esta situación provoca que los colores de onda corta, como el azul y violeta, se dispersen, mientras que predominan tonos cálidos como el rojo, naranja y púrpura. Así se producen atardeceres de apariencia mucho más intensa y llamativa.
Meteorólogos detallan que existen varios factores que pueden intensificar este fenómeno:
Uno de los elementos que pudo influir en este atardecer fue la llegada de polvo del Sahara al Caribe y norte de Sudamérica. Estas finas partículas permanecen en suspensión y, al interactuar con los rayos solares cerca del horizonte, generan una explosión de colores en el cielo.
La explicación científica de este evento apunta, principalmente, a la dispersión de Rayleigh, un fenómeno óptico que se produce cuando la luz solar atraviesa una mayor cantidad de atmósfera al estar el Sol bajo. Esto aumenta la visibilidad de tonos rojizos y anaranjados, y resulta más notorio durante puestas y salidas de Sol.
Habitantes de distintas regiones del país reportaron el fenómeno casi simultáneamente, lo que multiplicó la reacción en redes sociales con interpretaciones variadas. Sin embargo, expertos insisten en que este tipo de cielos no guarda ninguna relación directa con sismos ni alteraciones en la corteza terrestre.
Entre la curiosidad y la incertidumbre, la escena dejó claro el asombro colectivo en Venezuela por un espectáculo natural que, aunque frecuente en condiciones atmosféricas similares, pocas veces se presenta con tanta intensidad y justo en medio de una emergencia nacional.
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